06 noviembre 2009

Viviendo del aire

Desde hace unos meses escuchamos como los ayuntamientos se quejan de sus dificultades económicas, a poco que uno analice sus presupuestos lo realmente asombroso es que ninguno haya hecho realidad la amenaza de cerrar las puertas y mandar las llaves del consistorio a la federación gallega de municipios.

Ese símil que les gusta tanto a los políticos que compara un ayuntamiento con una casa normal no pasa la prueba en el plano económico; mientras que mas o menos todos sabemos lo que ingresamos cada mes con un 95% de seguridad, los municipios nos enseñan año tras año la gran imaginación que tienen a la hora de confeccionar sus presupuestos y como en el cuento de Pedro y el lobo ahora que el lobo ha llegado (lease crisis) a los ciudadanos nos cuesta creerlos.

Vamos a olvidarnos de los gastos y fijémonos en los ingresos de un ayuntamiento cualquiera: impuestos directos, indirectos, tasas, licencias y precios públicos, transferencias corrientes, ingresos patrimoniales, enajenación, activos y pasivos financieros; de todos estos ingresos solo el primero, impuestos directos, es fiable ya que se refiere a tasas como el IBI o el de impuesto de vehículos que al pagarse año tras año pueden tener una estimación bastante clara; los impuestos indirectos se refieren a la construcción y ahora vemos cual irreal puede llegar a ser la estimación, las tasas y licencias puede variar mucho ya que de la misma forma que pueden abrir muchos locales pueden cerrar otros y lo que pagan las compañías del agua y de electricidad si llega para ampliar a alguna zona el servicio bueno es, las transferencias corrientes llegan muy justas y a veces ni eso para los gastos corrientes como personal y otras partidas, los ingresos por patrimonio son mínimos en la mayoría de los ayuntamientos y la enajenación se ha dado en muchos casos así que ni les queda mucho que vender ni es un momento para contar con ingresos por ese concepto, si coincidimos además en que están mal de dineros podemos ahorrarnos el capitulo de activos y pasivos financieros. En un ayuntamiento de de poco más de 20000 habitantes con un presupuesto de 33 millones de euros los impuestos directos y las transferencias corrientes son solo 9 millones, ese mismo ayuntamiento tiene entre personal, bienes corrientes y servicios un gasto de mas de 16 millones ¿como sobreviven?.

Hay una particularidad de nuestro sistema que convierte todo esto en algo mas surrealista si cabe; con este panorama a los ayuntamientos solo les quedan las subvenciones, parte de las transferencias corrientes, para poder acometer obras y mejorar los servicios al ciudadano; supongamos que queremos pintar nuestra casa y vamos al banco a pedir un préstamos, el amigo banquero nos dice “no te preocupes que yo te ayudo pero quiero ver los colores y el tipo de pintura que no me fío mucho de ti” eso es lo que les sucede a los ayuntamientos, no pueden decidir que quieren hacer con el dinero si no que lo que pueden hacer es mirar que subvenciones conceden las distintas administraciones y acogerse a ellas; no es extraño que la diputación de A Coruña deje que los ayuntamientos destinen el 50 % de las subvenciones a gastos por que la siguiente deducción que uno hace es: “si recibo cada año de las administraciones X millones ¿por que no puedo repartirlos como más me conviene y en un momento de crisis como este destinarlos a los gastos corrientes u otras necesidades?”. Si a todo esto se le suma que esas subvenciones llegan desde sitios tan distinto como el estado, la Unión Europea, las diputaciones o la Xunta el caos que hay montado es bastante gordo; si además nos fijamos en los ayuntamientos de menos de 10000 habitantes, que no son pocos, el panorama en Galicia es aun peor ya que como en las familias normales cuanto más grande menos problemas, si debo 6000 euros al banco me apretarán hasta que lo suelte todo pero si debo 60 millones me trataran con cuidado no vaya a ser que me declare insolvente y eso si no lo tengo todo a nombre de una S.L.

Creo que es el momento de plantear cambios de fondo en el sistema, deben desaparecer las diputaciones, reducir el número de ayuntamientos, impulsar las áreas metropolitanas en serio y sin localismos y al mismo tiempo que se les concede más autonomía financiera a los ayuntamientos se le debe de dar más capacidad de sancionar al Consello de contas; solo así podremos crecer con una base sólida.