05 noviembre 2009

Padrón y su caos

Vaya la que se montó ayer por la tarde en Padrón con medio pueblo diciendo que el primer teniente de alcalde, Eloy Rodriguez Carbia, había dimitido; el propio Eloy me desmintió la noticia aunque lo que no me dijo es que había presentado una “renuncia interna” que suena más bien a ultimatun.
Una de las primeras decisiones en muchos de los ayuntamientos que cambiaron de gobierno en el 2007 fue la de firmar un convenio colectivo, no se trataba tanto de favorecer a los funcionarios como de marcar un terreno de juego donde cada uno sepa lo que le toca y a lo que se arriesga si no lo hace; en el caso de Padrón se llego a ese punto en febrero de este mismo año y desde ese momento no hay excusas para un mal funcionamiento ya que aquel que no haga su trabajo se arriesga, como en cualquier empresa, a ser sancionado. La situación en el ayuntamiento de Padrón no es nueva, desde las municipales el nuevo gobierno lleva peleando con una maquinaria administrativa que olvidó hace mucho tiempo que es lo que tiene que hacer pero con la firma del convenio debe de tener las herramientas para, poco a poco, reeducar a los funcionarios; la “renuncia interna” del primer teniente de alcalde (que no acabo de entender que sentido tiene más allá del simbólico) suena a “¿quien le pone el cascabel al gato?”; creo que un primer teniente de alcalde debería estar capacitado para imponer sanciones aunque también he de reconocer que revisando el convenio colectivo y el real decreto por el que se rigen las sanciones he sido incapaz de averiguar como se llevan a cabo y por eso veo difícil solución al problema. Al dia siguiente de tomar posesión un miembro del nuevo gobierno municipal padronés decidió llegar a primera hora al ayuntamiento y se encontró con la puerta cerrada, se lo tomó con calma y esperó a que llegara el primer funcionario y comprobó que al contrario de lo que indica la lógica los que vinieron detrás de ese fueron apareciendo poco a poco y sin ninguna prisa; al dia siguiente, y como este cargo podía aparecer de nuevo, el ayuntamiento se comenzó a abrir a una hora razonable aunque los funcionarios siguieron llegando a su manera; poco a poco eso se fue corrigiendo y el orden normal duró hasta que el cargo fue trasladado a un despacho desde el que ya no podía ver a que hora llegaba cada uno, momento que aprovecharon los funcionarios para relajar nuevamente su hora de entrada; es una mera anécdota que habrá sido superada pero que me lleva a pensar que esa falta de responsabilidad no se curará con un par de reprimendas.