24 octubre 2009

El eslabón más debil

Pese a llevar más de 20 años trabajando en medios de comunicación solo desde hace unos pocos me considero periodista; este convencimiento nació más de ver espectáculos como el de Carlos Luis Rodriguez que por creer que he llegado a un nivel suficiente de conocimientos y lo malo es que cada vez me convenzo más.
La profesión periodística vive uno de los momentos más importantes de los últimos años, lo es por que se unen en la actualidad un conjunto de barbaridades alejadas años luz de la ética periodística más elemental y un conjunto de posibilidades enormes para impulsar todo lo contrario; blogs, gratuitos, canales de tv en youtube y páginas similares, webs están dando la batalla a unos medios que han pasado de ser tradicionales a tradicionalistas.
Y en medio de este panorama nos encontramos al periodista de a pie, al obrero que va de rueda de prensa en rueda de prensa aguantando retrasos, desplantes y prepotencias varias; un obrero que se encuentra al salir de la facultad con un sistema que le impide aplicar aquello que le han enseñado en los últimos años y que le obliga a elegir entre dejarse llevar por la corriente o nadar contra ella y que, por suerte y de forma milagrosa, en la mayoría de los casos consigue mantenerse a flote sin renunciar demasiado a sus principios.
Dice mi amiga Enma que la mitad del año hace periodismo de trinchera y la otra mitad de romería, cuando le tocan las fiestas nadie se queja pero en el otro caso la fiesta se monta a su costa. El periodista de a pie, no el de despacho aunque los haya muy decentes, es el eslabón más débil de la profesión; por un lado la precariedad laboral le obliga siempre a meditar mucho las respuestas que da ante los requerimientos de sus jefes; por otra parte la precariedad de medios y la carga de trabajo impiden que pueda demostrar de lo que es capaz; cuando ha pasado esas dos barreras se enfrenta a una opinión pública que haga lo que haga le criticará por que siempre hay dos partes en una noticia, cuando no tres o cuatro; y por si todo esto fuera poco ciertos titulares, algunos programas y muchos vendidos consiguen que cuando dice que es periodista la gente ponga cara de pensar “¡titiriteiros!”. Por si todo esto no fuera suficiente como para replantearse si lo que cobra o lo que siente cuando hace su trabajo merece la pena, de un tiempo a esta parte se encuentra con un batallón de políticos de medio pelo, de todas las tendencias y de algunas que ni sabíamos que existían, que amparados en cuatro años de cargo fijo pretenden escribir la actualidad como más les conviene; desde ruedas de prensas sin preguntas hasta comunicados leídos en público o que se envían previamente grabados son prácticas impensables en la mayoría de los países pero, como decía el único slogan franquista que era verdad, España es diferente y Galicia aun más; estás prácticas han llegado además al escalafón más bajo de los partidos y cualquier portavoz municipal es capaz de contestar “no haré declaraciones sobre ese tema” que dan ganas de contestar “disculpe pero ¿recuerda que le pagamos todos y su trabajo, entre otros, es hacer declaraciones?”.
Como dije la ventaja es que las nuevas tecnologías dan la batalla, ya nadie mira raro cuando pides declaraciones para una web o para un blog y los jefes de prensa más curtidos se preocupan ante esa declaración al no saber muy bien el alcance de ese medio; quiero pensar que es cuestión de tiempo que los grandes medios tengán que volver al origen, hacer INFORMACION y conseguir ingresos publicitarios alejados de las instituciones para poder hacerla sin cadenas de ningún tipo y para ello necesitará de los curritos de a pie, de sus fuentes, de sus ideas y de su trabajo; si a eso le sumamos que las nuevas generaciones ya no opinan lo que leen o escuchan si no que leen y escuchan para poder opinar el futuro puede que no sea brillante pero al menos comienza a estar en la escala de grises, hay que caer antes de poder levantarse.