24 abril 2011

Pecados capitales – la soberbia

Tengo en mente desde hace un par de días una serie de entradas para el blog sobre los siete pecados capitales y los políticos, una de las noticias del día me da pie para hablar del primero de ellos: la soberbia.
Estoy acostumbrado a que cuando creo que nada me pueda sorprender cualquier cosa de las que pasan en la comarca tire por tierra esa idea y ahora sucede de nuevo; por si algún lector no es de la zona explicaré un poco de que estoy hablando; Arzua es un pueblo a un poco menos de 40 kilómetros de Santiago de Compostela, allí hace unas semanas nos enterábamos de varias cosas que por si solas dan para un libro: 1º el locutor de la radio municipal se presentaba a las elecciones por el partido popular, 2º dicho locutor y candidato había intentado presuntamente sobornar al actual alcalde, del BNG, prometiendo buenas informaciones a cambio de un mejor sueldo, 3º dichas conversaciones fueron grabadas por el alcalde en vídeo por si las moscas y asegura que fue la única vez que grabó algo, 4º el partido popular tras esta noticia decidió mantener al candidato pese a que las conversaciones se hicieron públicas y presentar además una querella por acoso laboral, 5º el partido popular denuncia al alcalde ante la junta electoral por estar condenado en sentencia firme lo que le impide presentarse a las elecciones, 6º la junta electoral estima la denuncia y da 48 horas al BNG para que soluciones el conflicto 7º el BNG dice que llegará al tribunal constitucional si es necesario; nota final: la condena, aun no firme, del alcalde se produjo por no derribar la sexta planta de un edificio, sexta planta legalizada a posteriori con el plan general de urbanización y construida ilegalmente cuando gobernaba el PP.
Si nos atenemos a la definición de la RAE estos días la concentración de soberbia en Arzua es de las mas altas que vi en mi vida pero no es el único lugar donde se da; todos los políticos tienen un punto de vanidad que es en el fondo lo que los lleva a presentarse a las elecciones, los problemas aparecen cuando esa vanidad y los malos consejos de los expertos en marketing les impide reconocer los errores en privado y en publico. Hay que ser muy soberbio para seguir siendo candidato después de que te pillen presuntamente intentando sobornar a tu competidor en las elecciones, hay que serlo aun más para intentar explicarlo diciendo que las conversaciones están sacadas de contexto y lo que ya le otorga el premio del año es que denuncie al alcalde por acoso laboral y ante la junta electoral por un tema, en este último caso, que tiene que ver con una mala práctica de su partido hace años y con el que se encontró el condenado al llegar al gobierno municipal.
Pero la soberbia está en más lugares como decía; estos días asistimos al bochorno del señor Rajoy que ve como sus chicos ponen de vuelta y media al ejecutivo por el tema Troitiño mientras olvidan el de Josu Ternera, una vez más la soberbia de nuestros políticos queda en evidencia gracias a las hemerotecas. Pero que nadie piense que este pecado capital es exclusivo de la derecha, el caso de la venta de armas a Libia y la respuesta dada por el gobierno es un buen ejemplo de lo que digo; según el diccionario un antónimo de la soberbia podría ser la humildad, el gobierno podría haber explicado que las circunstancias han cambiado y que en su momento se atendieron contratos con Gadafi que supusieron buenos ingresos para el país para a continuación explicar que finalizados dichos contratos se opto por dejar de fabricar según que armas, eso sería aplicar la humildad pero la soberbia es lo que llevó a la ministra a olvidarse de la primera parte y hacer gala tan solo de la segunda.
Creo que los políticos tienen que pensar más en sus errores que en sus aciertos para de esa forma encontrar soluciones, sus errores son tan humanos como los de sus administrados pero las consecuencias las sufrimos todos. La soberbia a la hora de negociar que se da cuando se encuentran políticos de signos distintos en dos organismos obligados a colaborar (me va a decir este a mi…), la soberbia ante las reclamaciones ciudadanas que en ocasiones no reciben ni respuesta (será imbécil ¿tu ves lo que me pide?), la soberbia a la hora de legislar lo que impide que los cambios sean a fondo y vayan muy despacio (no vayas tan rápido que se acaba el chollo…) la soberbia a la hora de darse cuenta de que uno ya no está en activo (expresidentes en general) y así muchos más casos. Por supuesto que hay que políticos razonables y con un grado de vanidad aceptable pero quedan tapados por el afán de protagonismo del resto… y así nos va.