12 diciembre 2009

La única ley que no gusta a los jueces

Seguimos viendo que los políticos deben de hacerse mayores pero seguimos viendo como siguen jugando a indios y vaqueros. En las últimas semanas sentencias judiciales cuestionan o anulan distintos desarrollos urbanísticos; en Ames un gobierno que acusó de excesiva edificabilidad a un pxom, no redactado por él pero obligado a ponerlo en práctica, recurrirá unas sentencia para mantener una edificabilidad aun mayor que la que criticaban; este trabalenguas urbanístico no es menor en A Estrada en donde un juez acaba de convertir en alegales a 200 viviendas construidas con una licencia municipal no ajustada a derecho y podría volver a unas normas de ¡1978!; si a estos casos unimos los problemas en la costa o en la cercanía de los ríos, la complicación de dar servicios a quien opta por alejarse del mundanal ruido pero no de sus derechos, y las peleas por mover un marco el panorama es desolador.

Al margen de las críticas que se puedan hacer a los representantes municipales, presentes y pasados, estas situaciones son consecuencia de los continuos bandazos dados en la ley del suelo, la actual data del 2002 pero ya ha sido modificada en dos ocasiones y el actual gobierno del Partido Popular pretende un nuevo cambio; los dos primeros casos son sintomáticos de los problemas a resolver consensuando normas; en el caso de Ames está comprometida la construcción de un centro de salud que dará servicio a casi 20000 personas pero que de ser firme la sentencia, cuando esté construido. se quedaría en un limbo urbanístico; lo mismo sucede con las 200 viviendas de A Estrada construidas bajo un paraguas roto por el viento judicial y cuyos propietarios estarán pensando si su situación es comparable a la de A Guarda.

La primera regla para construir una ley do Solo que todos respeten es asumir que no gustará a todo el mundo y dejar los cálculos electorales para la noche del día de las votaciones; la segunda regla es ser conscientes de que si el 40 por ciento de la población vive en las siete grandes ciudades, el 60 por ciento restante no y es ahí donde se diseñará la Galicia del futuro, si no tenemos claro que hacer en el litoral si deberíamos estar seguros de lo que no hacer y el mismo principio se puede aplicar a lugares como Os Ancares. El Caurel, los distintos caminos de Santiago o nuestros ríos, espacios que bien administrados serán una fuente de recursos turísticos muy importante pero en los que se debe de terminar con ambigüedades; la última regla es asumir que la dispersión de la población además de un problema es una realidad y entender que su solución no es posible en los cuatro años que dura una legislatura.

No hace mucho hablaba con un arquitecto que me explicaba lo difícil que resulta adaptar las obras a la legalidad y el gran número de ocasiones en los que se debe de optar por saltarse pequeñas normas o intentar explicar al cliente que lo que pide no se sabe si es legal o no. Como en muchos otros temas creo que lo que falta es dialogo no solo entre políticos, que eso a veces parece una utopía, si no también con todos los implicados ya sean arquitectos, fontaneros o simples contratistas.